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Prácticas somáticas para el descanso

11/26/2025

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Descansar no es equivalente con dormir, aunque el sueño sea una componente importante del descanso. Descansar implica una modalidad concreta donde el organismo está pudiendo reparar, regenerar, integrar, aprender y crear.


​Podemos descansar estando despiertas, y esto ayuda el cuerpo a sostener la intensidad del día sin llegar exhausto a la noche.

El descanso en la modernidad
El ritmo de vida al que se ha impuesto, y al que nos hemos rendido, en la época industrial, genera un estrés crónico que nuestro organismo no puede sostener sin coste. El coste se manifiesta no solo en dificultades en el sueño, sino en estados de ansiedad, obsesión, adicción, depresión y dolores crónicos.

La presencia ubicua de pantallas, luz y ruidos, especialmente hasta las altas horas de la noche, agravan la cuestión, generando una sobre estimulación constante. Esto genera toda clase de respuestas fisiológicas que no permiten que los pensamientos bajen las revoluciones, que la musculatura afloje, que la respiración se haga profunda y que el cerebro pueda integrar sus experiencias, aprender de ellas y abrir paso a la creatividad. 

Volver al bienestar
Es realmente revelador que la mayor parte de consejos que vienen desde el ámbito de la medicina y la neurociencia, nos invitan a retomar un estilo de vida pre-industrial, donde nos levantábamos y acostábamos con la luz del sol, pasábamos muchas horas en entornos naturales, teníamos ritmos estacionales de más actividad o más descanso, teníamos momentos de descanso durante el día, una alimentación acompasada a los ritmos de los vegetales y animales de nuestro entorno y, seguramente, menos ambición de producir, ganar, conseguir y alcanzar. 

Por este motivo, me parece que un abordaje de las dificultades del sueño que no tenga en cuenta el descanso en todas sus dimensiones, culturales, sociales y económicas, no podrá ofrecer una respuesta realmente significativa para redirigir  las raíces del problema. 

Por supuesto, una rutina nocturna puede ayudar a calmar el sistema nervioso, propiciando un descanso más profundo y reparador, al mismo tiempo si estas cuestiones de fondo siguen iguales, con estrés laboral, sobre estimulación general, uso constante de pantallas, etc., el descanso verdadero seguirá siendo una propuesta inaccesible para nuestro organismo.

Lejos de querer desmotivarte con esta reflexión, espero que te anime a revisar algunos de los supuestos de tu vida que tal vez estás dando por hecho y que puedes empezar a plantearte de otra forma. 

¿Cuál es tu relación con el descanso? ¿Hay alguna creencia heredada sobre el descanso como una "pérdida de tiempo"?

¿Cuáles son las actividades en tu día a día que te ofrecen unos momentos de descanso?

¿Normalmente recurre a las pantallas para darte un descanso? ¿Qué cualidades tiene este tipo de descanso, cómo te deja?

¿Cómo te preparas para transicionar hacia el sueño en las últimas horas del día?



​Prácticas somáticas para el descanso

El descanso depende del estado de nuestro sistema nervioso, Un estado de alerta, donde el sistema nervioso se siente amenazado (por tareas pendientes, conversaciones difíciles, estímulos, etc.) no ayuda. Por esto, es primordial ayudar el organismo a sentirse seguro, reduciendo las "amenazas".

  • Respirar: el primero auxilio
La respiración es la única función vital sobre la cual tenemos algo de control. Esto nos permite generar unos cambios que, a su, vez, afectan otras funciones vitales. Por ejemplo, extender las exhalaciones actúa directamente sobre el sistema parasimpático, desactivando las respuestas de alerta y vigilancia.
A lo largo del día, podemos tomar unos minutos para respirar con presencia, ayudando nuestro diafragma a bajar en las inhalaciones y exhalando despacio por la boca. Una ratio de 4 segundos por inhalaciones y 6 segundos por exhalaciones, mantenida durante un mínimo de 10 minutos, ayuda a activar el estado parasimpático del sistema nervioso.

  • Cuidar de las transiciones
No podemos pretender pasar de un estado de activación y sobre estimulación a un estado de calma y relajación sin darnos el tiempo de transicionar.  A lo largo del día, es importante ser consciente de los momentos de transición y aprovecharlos: caminar un rato entre una tarea y otra, poniendo consciencia en nuestros movimientos y en el entorno; cerrar los ojos y respirar aflojando la musculatura; quedarnos quietas observando las nubes, los árboles o el vuelo de los pájaros; estirar suavemente el cuerpo, suspirar o masajearnos. 

  • Relajar la mandíbula y el cuello
Una de las señales más potentes para nuestro organismo, para ayudar la relajación, es aflojar la mandíbula. Una mandíbula relajada significa que estamos en un lugar seguro y nos podemos entregar al descanso. Darnos unos momentos para masajear, mover, estirar y aflojar la mandíbula, los labios, la lengua y la garganta es una manera muy potente de cambiar nuestro estado. 

Ayudar el descanso con algunos nutrientes
Andrew Huberman, un neurocientífico y divulgador estadunidense,  recomienda un cóctel para dormir que incluye treonato de magnesio (200-400 mg), L-teanina (100-400 mg), apigenina (50 mg) e inositol (1000 mg).

Estos suplementos están diseñados para ayudar a mejorar la calidad del sueño y reducir la ansiedad antes de acostarse.
  • Treonato de magnesio: acorta el tiempo de transición al sueño y mejora su profundidad. 200-400 mg antes de acostarse.
  • Apigenina: reduce la ansiedad y promueve la calma. 50 mg antes de acostarse.
  • L-teanina: mejora la profundidad del sueño y reduce el estrés. 100-200 mg, 30-60 minutos antes de dormir.
  • Inositol: reduce los despertares nocturnos. 900 mg antes de acostarse.
  • Glicina: mejora la calidad del sueño. Tomar cada 3 o 4 noches, 2 gramos antes de acostarse.
  • GABA: promueve la relajación; tomar cada 3 o 4 noches, 100 mg antes de acostarse.
Por supuesto, es importante consultar un profesional antes de empezar a tomar cualquier suplemento que pueda tener un efecto secundario no esperado. 

Práctica de relajación y liberación de tensión
Te dejo aquí una práctica muy valiosa para hacer estirada en el suelo o en la cama, para ayudar el cuerpo a entrar en un estado propicio para el descanso y el sueño. 

Pies y pantorrillas: Al inhalar, apunta los dedos de los pies y contrae las pantorrillas; al exhalar, relaja y usa las manos para masajear los arcos y los músculos de las pantorrillas durante 5 respiraciones.

Muslos y caderas: Al inhalar, contrae los cuádriceps; al exhalar, relájalos y realiza movimientos circulares a lo largo de los cuádriceps y los glúteos durante 5 respiraciones.

Zona lumbar y abdomen: Al inhalar, activa los abdominales inferiores; al exhalar, relaja y masajea los músculos paravertebrales con las yemas de los dedos durante 5 respiraciones.

Pecho y hombros: Al inhalar, expande el pecho; al exhalar, redondea el torso hacia adelante y masajee la parte superior de los hombros y las clavículas durante 5 respiraciones.

Brazos y manos: Al inhalar, cierra los puños; al exhalar, suéltalos y masajea los antebrazos, las palmas de las manos y la zona interdigital durante 5 respiraciones.

Cuello y cuero cabelludo: Al inhalar, alarga el cuerpo; al exhalar, relaja la mandíbula y usa las yemas de los dedos para acariciar el cuero cabelludo con pequeños círculos durante 30 segundos.
​

Prueba a dedicar 5 minutos antes de ir a la cama para apuntar las tareas que te gustaría llevar a cabo el día siguiente.

También puedes escribir cuales son las cosas que te preocupan y que tal vez te despertarán por la noche. Pregúntate si hay algo que puedes hacer antes de ir a dormir para resolverlas, si es que no, recuerda decirte esta frase si te despiertas por la noche: "Gracias cuerpo por recordarme que hay cosas importantes que no están resueltas. Ahora no es el momento de resolverlas. Ahora es el momento de aprovechar de lo cómoda y confortable que es mi cama, descansar, y cuando ya venga la luz del sol, haré todo lo posible para atender mis preocupaciones.". 

La mejor manera de acompañarnos cuando nos desvelamos es intentar estar con las sensaciones corporales y traer relajación, sin alimentar los pensamientos. 

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Transitar el cambio de estación

9/25/2025

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Septiembre, como su hermana Marzo, es un mes liminal, que nos trae el equinoccio y la transición entre dos espacio-tiempos: el verano y el otoño. 

A veces, estos momentos de transición pueden generar algo de desasosiego, incertidumbre, y también ilusión y esperanza. Las transiciones son, en general, momentos cargados de matices y equilibrios sutiles que se van alternando, para llegar a ubicarse otra vez al final del proceso. 

En este artículo quiero explorar el proceso de transición en sí, como uno de los procesos fundamentales de la vida humana, y en concreto la transición entre Verano y Otoño. 

El arte de transicionar
Todas transiciones comparten elementos en común que pueden ser desafiantes.
Podríamos utilizar la imagen de una travesía entre una orilla y otra para representar este movimiento de un estado a otro, de una situación a otra, de una estación a otra, y hay varios factores que determinan el carácter de la transición:
  • ¿De qué orilla partimos?
  • ¿Queremos hacer la travesía o nos viene impuesta?
  • ¿Sabemos a donde vamos?
  • ¿De qué embarcación disponemos?
  • ¿Cuál es el estado de las aguas que nos sostienen?

También, hay muchas maneras de responder a una transición, algunas más constructivas que otras:
  • Lanzarse adelante sin mirar atrás 
  • Aferrarse a la orilla de partida
  • Colapsar en el barco y estancarse
  • Despedirse con cariño, provisionar el barco, mirar hacia atrás y hacía adelante y dejarse guiar por las estrellas, confiando en una buena llegada
​
Si te apetece, utiliza las imágenes y preguntas anteriores para explorar una transición importante para ti en este momento de tu vida. 
Especialmente observa cual es tu actitud hacia este proceso y en qué pensamientos, suposiciones, creencias y experiencias previas se basa. 


​Pendular, el ritmo de la transición
Nuestra cultura lineal nos ha acostumbrado a pensar en el tiempo y en los procesos como algo que tiene una trayectoria clara desde el pasado hacia el futuro. Otras culturas reconocían aspectos menos lineales, en el tiempo y en los procesos humanos, como la ciclicidad.

El hecho de conceptualizar la transición como un proceso linear nos puede causar ciertos problemas ya que, en la realidad, muy pocas veces las transiciones siguen este curso.

Más a menudo, podemos observar un movimiento interesante, que el psicólogo estadunidense Peter Levin recoge en su trabajo Somatic Experiencing, el movimiento de la pendulación. 
También observamos este mismo movimiento en los días de Septiembre, que van alternando entre días calurosos, todavía veraniegos, y días más suaves, de lluvia y cielos otoñales. 
Este movimiento garantiza que el organismo tenga tiempo para acostumbrarse a los cambios, que pueda integrar lo nuevo y despedirse de lo antiguo de una manera gradual y orgánica. 
Una transición linear, abrupta, puede dejar el organismo desconcertado y desorientado, por esto muchas veces nos enfermamos en primavera ay otoño, cuando los cambios ocurren de esta manera. 

Permitir el ritmo de la pendulación, sin verlo como un retroceso o un estancamiento, es fundamental para acompañar el organismo en este proceso. 
​Pendular quiere decir permitir que existan emociones de pena, de miedo y de ilusión, ya que cada una nos habla de un momento diferente del proceso. 


Si piensas en tu proceso de pendulación, ¿cuáles son los estados y las emociones entre las que te vas moviendo?
¿Cuáles son las emociones que permites, o no, y porqué?
¿Cómo sería facilitar este proceso, entendiéndolo como una manera de facilitar la transición para que tu organismo la pueda integrar?


El ritual como práctica de la transición

El ritual puede ser una práctica muy potente para acompañar las transiciones. Por esta razón, en cada cultura, encontramos varios rituales, a lo largo del año, que nos ayudan a ubicarnos en los cambios entre estaciones y entre procesos.

En el ritual encontramos imágenes, metáforas y prácticas que nos ayudan a conectar nuestras experiencias individuales con nuestra comunidad y con los ritmos más cósmicos del planeta. 

Una reflexión que me ha acompañado en los últimos meses, tiene que ver con la disonancia entre los rituales y prácticas que acompañaban los distintos momentos del año en las culturas campesinas, donde la vida de los seres humanos estaba inextricablemente vinculada con la tierra y las estaciones, y las posibles prácticas que puedan acompañar nuestra cultura post industrializada.

Para las culturas campesinas, Septiembre era el momento para celebrar la cosecha, para descansar de todas las actividades intensas del verano y saborear los frutos de este trabajo. Era un momento de equilibrio entre la intensidad y externalidad del verano y el reposo e interioridad del invierno. Era un momento de pausa para revisar y asegurarse ir bien preparadas hacia la escasez y el frío. 
Para nosotras, muchas de estas condiciones han cambiado, privando de contexto y significado ciertas prácticas. 

Son pocas las personas que pueden recoger los frutos de sus huertos y deleitarse en sus sabores. En comparación con otras épocas, son muchas menos las personas que se tienen que preocupar por no tener suficiente comida o reparo durante los meses de frío. Y en el contexto de cambio climático, incluso el frío que siempre ha caracterizado el invierno, se hace sentir mucho menos, en muchas regiones. 

Aun así, hay cierto aspectos que nuestro organismos registran: los días mas cortos, las temperaturas más bajas, los cambios en los árboles, los cielos y la luz en nuestro alrededor. ¿Qué sentido tiene entonces, para nuestras vidas actuales, este momento de transición? ¿Cuáles son los rituales que tienen sentido para acompañarnos en este momento del año?


Prueba a reflexionar sobre cómo el ritmo de tu vida se corresponde al ritmo natural de este momento de transición.
¿En qué aspectos sientes que puedes hablar de cosecha, de frutos? ¿En qué aspectos sientes que este puede ser un momento de equilibrio? ¿En que sentido necesitas prepararte para entrar en la siguiente estación?


​Despedirse y dar la bienvenida
La transición que Septiembre nos pide es la que requiere dejar ir el Verano e inclinarnos hacia el Otoño, y después, el Invierno. Una transición tal vez más desafiante de la que Marzo nos propone, en su opuesto.

En nuestra sociedad, el verano está más bien vinculado con momentos de descanso, de ocio, de contacto con la naturaleza y con las personas queridas. Esto puede despertar emociones de pena y de melancolía a la hora de volver a las rutinas de trabajo y estudio.  Al mismo tiempo, dependiendo de nuestra situación, volver a la rutina puede querer decir emprender nuevos proyectos, o con nuevos objetivos, proponernos nuevas experiencias para desarrollarnos y cultivar nuestro crecimiento. 

Podemos recoger toda esta riqueza de emociones y experiencias dándonos un tiempo para reflexionar sobre lo que el Verano nos ha aportado, honrando las experiencias valiosas y todo aquello que nos ha permitido sentirnos bien y disfrutar. Podemos agradecer el verano y aceptar su despedida, sabiendo que nos volveremos a encontrar, ojalá, en unos meses.

También podemos abrir nuestro brazos para acoger el Otoño, con sus promesas y sus desafíos, preguntándonos que queremos cultivar en esta nueva temporada, qué recursos necesitamos, qué propósitos queremos que sean nuestras guías en los próximos meses. De la misma manera que las plantas nos han ofrecido sus frutos, podemos preguntarnos qué frutos queremos ofrecer a nuestras comunidades. 
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Si te apetece, puede comprar unos bulbos de narciso o jacinto y pensar en las cosas que quieres cultivar en esta temporada otoñal/invernal. 
Estos bulbos dan flores entre Marzo y Mayo, así que pueden ser una buena oportunidad para tener un recordatorio a lo largo de los meses, de nuestros propósitos y de las cualidades que queremos llevar a floración antes del próximo verano. 
Los puedes plantar en un espacio exterior protegido o en una maceta. Visitarlos regularmente, regarlos y observarlos crecer, puede ofrecer momentos de conexión y reflexión en los próximos meses. 

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Cosas a las que prestar atención cuando estamos en crisis

7/14/2025

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Atravesar momentos de crisis es inevitable en esta vida marcada por el cambio y  la transitoriedad. Podríamos decir que es incluso necesario, ya que nuestro desarrollo depende de la revisión periódica de nuestros hábitos y de la capacidad de adaptarnos y aprender. 
¿Cómo podemos aprovechar constructivamente de una crisis para no quedarnos aplastadas?

Una buena crisis
Una primera investigación en el significado de esta palabra me ha llevado a esta definición: "crisis(n.) A principios del siglo XV, crise, crisis se usaba para referirse a un "punto decisivo en el avance de una enfermedad." También podía significar "estado de cosas vitalmente importante o decisivo, el momento en el que debe producirse un cambio, ya sea para mejor o para peor." Esta palabra proviene de la forma latinizada del griego krisis, que se traduce como "punto de inflexión en una enfermedad, ese cambio que indica recuperación o muerte."  Literalmente, krisis significa "juicio, resultado de un juicio, selección," y se deriva de krinein, que significa "separar, decidir, juzgar." Se ha reconstruido que proviene de la raíz protoindoeuropea *krei-, que significa "tamizar," lo que sugiere un sentido de "discriminar, distinguir."

Una crisis es un punto de inflexión donde las cosas cambian y lo que era ya no es. Es un momento que requiere de un nuevo enfoque, de discernimiento para orientarnos de manera constructiva en una nueva realidad. Podemos encontrar este hilo conductor en todas las situaciones que normalmente representan una crisis: enfermedades, separaciones, cambios profesionales, muertes y traslados.
Todos estos cambios tienen que ver con una revisión de nuestra identidad, de nuestro rol en el mundo, de nuestras expectativas y de nuestras maneras de gestionar las cosas. 

Una buena crisis se define por la capacidad que tenemos de poder encajar el cambio que nos ha venido a sobra dentro de este marco de referencia. Por supuesto esto no es fácil en un primer momento, ya que estaremos sobrepasadas por el desconcierto, la tristeza, el dolor y la rabia, pero, cuando esta primera ola ya empieza a bajar, es importante poder ver la crisis como una catalizadora de desarrollo y maduración. 

Tal vez te apetece seguir leyendo este artículo pensando en una crisis concreta con la que te gustaría trabajar y aplicar las ideas que te iré proponiendo. 

Escuchar el ritmo de las olas
Una crisis se manifiesta normalmente a través de ciclos de emociones intensas. Esta ciclicidad significa que no podemos esperarnos un proceso lineal y progresivo, sino que necesitamos estar atentas y facilitar el movimiento entre un ciclo y el siguiente. de la misma manera en que las olas del mar nunca están quietas, nuestras emociones en crisis también tienen la tendencia a moverse con cierto ímpetu. 

Dado que la crisis representa un cambio importante, las emociones que normalmente acompañan los primeros momentos son las de desconcierto, shock, miedo, confusión e incredulidad. Nos puede costar mucho asimilar que lo que definía nuestra realidad, y nuestra identidad, haya cambiado de manera irreversible (o casi). 

Luego, nos encontramos con la tristeza, el dolor, la añoranza y, a veces, la rabia, que nos acompañan en asimilar que hemos perdido algo importante y fundamental. 

En algún otro momento, sentiremos una pequeña esperanza de que algo positivo pueda salir de todo esto, de que el sufrimiento no va a durar para siempre y de que hay un aprendizaje que nos espera, escondido en los pliegues del dolor y la oscuridad. 

Estas olas de emociones no vienen de manera ordenada y secuencial, sino que pueden ser repentinas, irregulares, simultaneas y contradictorias. Lo que es importante es escuchar las olas y permitir su transito, sin intentar controlarlas o dirigirlas demasiado. Esto es fundamental si no queremos estancarnos en alguna emoción en lugar de avanzar con el proceso. Con el tiempo las olas tienden a estabilizarse y orientarse hacia un proceso de aprendizaje y adaptación.

​Según el  modelo de Erich Lindemann, un prominente psiquiatra especializado en los efectos del trauma, las respuestas a una crisis suelen caer en 3 categorías: 

1- La crisis cataliza el aprendizaje de nuevas maneras de gestionar que son adaptativas y fomentan el desarrollo.

2- La crisis cataliza al aprendizaje de nuevas maneras de gestionar que no son adaptativas y dificultan el desarrollo.

3- La crisis no cataliza un proceso de aprendizaje y la persona no desarrolla nuevas maneras de gestionar, por lo tanto, se queda en un estado de maladaptación y estancamiento.

Tal vez te puede ser útil en este punto de la lectura, parar y preguntarte:
¿Cuáles son las emociones que más caracterizan este momento de la crisis?
¿De qué proceso me hablan estas emociones?
¿Estoy ya preparada para enfocar esta crisis hacia el aprendizaje o todavía necesito tiempo para asimilar lo que ha pasado?
¿Estoy pudiendo identificar el cambio que esta situación me propone en mi manera de gestionar los asuntos fundamentales implicados en la crisis?

El mástil de nuestro barco

Si nos imaginamos la crisis como un mar en tempestad, nuestro barco es el conjunto de hábitos, patrones y características que hasta ahora nos han servido para navegar. Hasta ahora, porque ya, con esta tempestad, algo tiene que cambiar. Si el barco se viene abajo por completo, nadie llegará al puerto para contar la historia, y si el barco se mantiene rígido frente a las olas, probablemente se romperá o se convertirá en una prisión. 

Para que nuestro barco pueda encontrar una manera constructiva de atravesar la tempestad, necesitamos el equilibrio de un buen mástil, lo que viene a ser el conjunto de capacidades y cualidades que nos ayudarán en el proceso adaptativo.

Podemos prestar atención a algunas de estas cualidades y preguntarnos en qué medida están presentes y operativas.

Reconocer la crisis
Para empezar, es fundamental que sepamos identificar cuando estamos en crisis y que podamos enfrentarnos a esta realidad. A veces esto puede ser difícil.
Si intentamos obviar, maquillar, esconder o ignorar una crisis, poca cosa podremos hacer para atravesarla de manera constructiva. A veces, la magnitud de la crisis, o lo que nos imaginamos de ella, hace que no nos sintamos capaces de afrontarla. A veces, efectivamente, todavía no tenemos los recursos o las condiciones necesaria, a la vez, mantenernos en un estado evitativo prolongado nos llevará probablemente al estancamiento.

¿Estás dispuesta a nombrar y mirar la crisis que se está dando en tu vida?

Aceptar la responsabilidad
Por supuestos hay crisis que se dan por factores ajenos a nuestro control, como la enfermedad, la precariedad laboral, la explotación, el maltrato, etc.
Por un lado es importante reconocer cuando la responsabilidad de la crisis está fuera de nosotras, para no acabar haciéndonos cargo de cosas que no nos corresponden. Al mismo tiempo, aunque la crisis se haya originado por motivos externos, la respuesta a ella queda en nuestras manos. Si nos mantenemos en un rol de victima en cuanto a la respuesta a la crisis, esto también podrá frenar nuestro proceso de desarrollo y maduración.

¿En qué medida consideras que tienes responsabilidad en cómo esta crisis se ha generado? 
¿En qué medida consideras que otros factores, ajenos a tu control y voluntad, son  responsables de cómo esta crisis se ha generado?
¿En qué medida te ves capaz de asumir la responsabilidad de lidiar con los efectos de esta crisis y encontrar maneras para gestionarla constructivamente?


Pedir apoyo
Parte de nuestra responsabilidad en afrontar la crisis tiene que ver con pedir apoyo, ya que con toda probabilidad, necesitaremos ayuda para encontrar nuevas maneras de gestionar las cosas.
Nuestra cultura individualista y meritocrática nos ha inculcado la idea de que pedir apoyo es de débiles, de fracasados, que si pedimos apoyo estamos siendo un peso, etc. Estas ideas constituyen un gran obstáculo a nuestro avance y desarrollo, ya que no toman en cuenta un aspecto fundamental: los seres humanos somos profundamente relacionales, nuestro aprendizaje siempre ocurre en relación, ofrecernos apoyo es una de las cosas que más da sentido y propósito a nuestras vidas. A veces, eso mismo es el primer aspecto que necesitamos revisar en nuestra vida para poder afrontar la crisis. 

¿Qué creencias tienes alrededor de pedir apoyo?
¿De donde vienen estas creencias?
¿En qué medida estas creencias bloquean tu acceso al apoyo y aprendizaje que necesitas?
¿Estás dispuesta a empezar un proceso de revisión de estas creencias para poder pedir apoyo?


Autoevaluación honesta
Para identificar las cosas que necesitamos revisar, transformar y el tipo de apoyo que necesitamos, es necesario saber hacer una auto evaluación honesta de nuestras capacidades y nuestras limitaciones. Sin esto, estaremos cayendo en un grado de ceguera que no nos permitirá aprovechar de nuestras fortalezas, y ponerlas al servicio del proceso, o  nos impedirá reconocer los aspectos sobre los cuales necesitamos trabajar. 

¿Cuáles son tus fortalezas, en relación a la crisis que estás afrontando?
¿Cuáles son las limitaciones/dificultades que necesitas revisar, desarrollar o transformar?
¿Qué tipo de apoyo /recursos necesitas para emprender esta camino de aprendizaje?


Capacidad de sostener la incomodidad
Inevitablemente, durante una crisis vamos a experimentar emociones desagradables y desafiantes. Además, el proceso de aprendizaje que la crisis nos presenta, también nos llevará a enfrentarnos con miedos, dolor e inseguridades. Si no hemos desarrollado la capacidad de tolerar las emociones desafiantes, lo que más probablemente haremos será revertir a algún mecanismo de protección que nos llevará a evitar, suprimir, proyectar o distorsionar nuestras emociones.
Tal vez, otra cosa que necesitamos empezar a revisar es justamente nuestra manera de gestionar las emociones, ya que este es un aspecto central en una situación de crisis. 
¿Cómo describirías tu manera habitual de lidiar con emociones desafiantes?
¿En qué medida esta manera te podría estar dificultando transitar la crisis constructivamente?
¿Qué habilidades y recursos necesitarías para poder sostener mejor las emociones difíciles? 


Experiencias previas
Revisar nuestras experiencias de crisis nos puede ofrecer información interesante con respecto a nuestras habilidades y capacidades (lo que nos ha permitido superar crisis anteriores) y nuestras limitaciones (cosas que nos iría bien aprender para no repetir ciertos errores). 
Recordar que hemos sobrevivido otras crisis y que lo que nos pareció insoportable en el pasado ahora ya no nos afecta de la misma manera, es muy importante para poner las cosas en perspectiva y no caer un la distorsión catastrofista.

¿Cuáles han sido las crisis que has superado en el pasado?
¿Qué te ayudó a superarlas? 
¿Qué aprendiste en el proceso?
¿Qué nuevas habilidades y capacidades te gustaría desarrollar para poder atravesar la crisis actual?


Flexibilidad y Creatividad
Cómo hemos visto, una crisis nos empuja a cambiar, a buscar nuevas maneras, a aceptar el fin de ciertas cosas y el comienzo de otras, Es evidente que todo esto necesita de cierta flexibilidad y creatividad en nuestra manera de pensar y buscar nuevas estrategias. Sin esto, nos quedaremos estancadas en intentar lidiar con la situación de una manera que ya no es útil, o perdernos la oportunidad de ver cómo ciertas ideas y actitudes han sido parte de lo que ha generado la crisis en primer lugar. Abrirnos a considerar nuevas opciones, nuevas referencias, nuevas combinaciones es el requisito necesario para la adaptación. 
¿Consideras que tu manera de pensar es generalmente abierta, flexible y creativa?
¿De qué manera tu forma de pensar puede estar bloqueando tu avance en encontrar nuevas maneras de adaptarte a la situación que la crisis te presenta?
¿Qué creencias y miedos limitan tu flexibilidad y creatividad a la hora de imaginarte otras opciones?

Si este artículo te ha ayudado a mirar las crisis de una manera más constructiva, te animo a explorar el programa de la Formación anual online en Integración Relacional, donde trabajamos muchas de las capacidades y herramientas necesarias para poner todo esto en práctica. 
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Cómo meditar para gestionar las emociones

4/22/2025

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Aprender a meditar puede traernos muchos beneficios, entre ellos nos puede liberar de  huir compulsivamente  de nuestras emociones (o hundirnos en ellas) y, en cambio, ayudarnos a aprender a sostenerlas constructivamente.

Hay muchas maneras de meditar, y muchas maneras de entender la meditación. Una de las maneras de entender la meditación en occidente, es pensar que sea una técnica que nos va a traer paz, relajación y un estado de calma mental donde los pensamientos desaparecen. Esta concepción, en mi opinión, nos trae muchos problemas.

La meditación es una práctica milenaria que podemos encontrar en casi todas las culturas antiguas. La meditación que conocemos en occidente como Mindfulness es una práctica preliminar dentro del camino de la filosofía Budista. Su nombre, en Sánscrito o Pali, Vipassana, quiere decir "Ver las cosas como realmente son", algo que nos hace entrever que su propósito no es necesariamente hacernos conseguir un estado de calma y paz, sino ayudarnos a observar la realidad, tal y como es. Así,  nos puede enseñar es algo muy valioso: aprender a sostener nuestras emociones y no reaccionar de manera descontrolada a ellas.

Hay algunas cosas importantes a tener en cuenta.

Ver las cosas como realmente son
Una de las enseñanzas más importantes de la tradición Budista es la práctica de alejarnos de los impulsos de rechazar lo que no nos gusta y aferrarnos a lo que nos gusta, para desarrollar una actitud de ecuanimidad. Esta actitud es bastante contraria a la que se suele tener en occidente, donde estamos constantemente intentando huir de las cosas incómodas y donde los mandatos culturales se traducen en "Be happy" o "No hagas nada que no te hace feliz".
Estos mensajes son muy clásicos en la cultura capitalista que nos quiere vender comodidad a cada esquina, haciéndonos percibir la incomodidad como algo "malo", "equivocado", o incluso como un "fracaso". Aun cuando esta misma cultura genera mucha incomodidad, en forma de precariedad, desigualdad, explotación, alienación, estrés, ansiedad, destrucción medioambiental y guerra, nos quiere vender esta quimera de la felicidad sencilla y fácil, que debería poder ser nuestra si hiciéramos las cosas bien.
Tal vez sea por esto, que incluso en la meditación, cuando las personas no consiguen alcanzar un estado de paz y relajación, suelen pensar que es porque no están haciendo las cosas bien, en lugar de pensar que tal vez, la incomodidad y el malestar que están sintiendo es una manifestación de la realidad, y que no es algo "malo".

El Budismo reconoció hace miles de años que la vida está llena de todo tipo de experiencias y emociones, algunas bastante desagradables, además de inevitables y que, si no aprendemos a aceptarlas, estaremos constantemente atrapadas en una lucha en contra de la realidad. Por esto, en lugar de huir de la incomodidad, el Budismo nos propone aprender a sostenerla y encontrar paz en ella.

Ver las cosas como realmente son, quiere decir abrirnos a percibir nuestro malestar en lugar de taparlo, ignorarlo, hundirnos o distraernos de él. Es un acto de coraje y honestidad que nos permite encontrar el camino medio de la ecuanimidad.

Suavizar los pensamientos
Dejar de pensar es fisiológicamente imposible para los seres humanos. Por esto, el Budismo no nos anima a ir en contra de nuestros pensamientos, o buscar que desaparezcan, sino de aceptar su presencia y aprender a no invertir nuestra energía en ellos.

Esta práctica es particularmente desafiante porque solemos identificarnos mucho con nuestros pensamientos, tomando su contenido muy en serio. Tal vez nos sirve recordar que la mayor parte de nuestros pensamientos son, o bien aleatorios, o bien habituales, en otras palabras, no nos están trayendo mucha información nueva, por lo que, prestar mucha atención a estos tipos de pensamientos no nos sirve para encontrar nuevos caminos.

Nuestras emociones se alimentan de pensamientos. Cuando tenemos pensamientos que nos hacen percibir la realidad de una manera hostil, sin esperanza, centrándonos en juicios y críticas, es difícil que nuestras emociones puedan ser agradables.
Al mismo tiempos, sustituir nuestros pensamientos con otros, más positivos, tampoco sirve de mucho si lo hacemos para tapar e ir en contra de los pensamientos negativos que tenemos. Además, hay veces en las que las cosas son, efectivamente, duras y, por lo tanto, nuestros pensamientos tampoco son muy descabellados. Sería una forma de violencia, por ejemplo,  querer tener pensamientos de paz y armonía cuando, estamos en duelo o hemos sufrido una agresión o una injusticia.

Hay algunos pensamientos en concreto que son muy poco útiles a la hora de gestionar las emociones, y son aquellos pensamientos que catalogan las emociones en positivas y negativas. Otra vez, nos encontramos con un mandato cultural binario, que pretende excluir una parte de la realidad, de la experiencia humana, como algo que "no debería ser".
Las emociones, todas ellas, tienen un propósito muy concreto e imprescindible: alertarnos sobre como nuestro entorno nos está afectando, para motivarnos a hacer algo al respecto.
Algunas emociones pueden ser más incómodas que otras, pero ninguna es negativa. La rabia nos sirve para protegernos, la tristeza para recogernos, el asco para alejarnos, el miedo para discernir. Sin ellas, solo podemos intentar abordar la vida desde un lugar conceptual, racional y abstracto. Por lo tanto, los pensamientos que se ponen en contra de las emociones diciendo "No deberías sentirte así", son pensamientos que nos complican el camino, en lugar de facilitarlo.

La práctica de la meditación nos invita a observar nuestros pensamientos y decir: "Estoy teniendo este pensamiento."
Es una manera  de ver las cosas como son. No me tiene que gustar el pensamiento ni tengo que estar de acuerdo o actuar sobre ello, pero no reconocer que este pensamiento existe, sería un acto de negacionismo.
A partir de este reconocimiento, podemos observar el efecto de este pensamiento, su origen, su utilidad y, tal vez, en el medio de este proceso, se genera un pensamiento nuevo que nos abre el camino a otra manera de ver y sentir las cosas.

Volver al cuerpo
Si no queremos invertir mucha energía en los pensamientos estériles y repetitivos, necesitamos otro lugar a donde poner la atención. Por esta razón, la práctica de la meditación muchas veces nos invita a prestar atención a la respiración. También podemos prestar atención a otras sensaciones corporales, ya que nuestras emociones se manifiestan de esta manera.

Si empezamos a prestar atención a la emoción diciendo: "Estoy sintiendo esta emoción. No es muy agradable y aun así voy a quedarme aquí con ella un ratito, a ver qué me cuenta", tal vez empezamos a crear un espacio entre la emoción y la reacción. Ahora podemos empezar a observar qué efecto tiene la emoción, qué mecanismo utilizamos para protegernos de ella, qué pensamientos la alimentan, qué necesidades hay detrás, etc.
En este sentido, no hay emociones negativas ni tóxicas, solo emociones que vienen a decirnos cómo las cosas nos están impactando, nos guste o no nos guste. Esta también es una manera de ver las cosas como realmente son.
Reconocer una emoción, como reconocer un pensamiento, no quiere decir tomárnoslos como si fueran verdades absolutas, tampoco quiere decir actuar sobre ellos. Sentir y reconocer mi rabia no quiere decir que vaya expresándola de manera descontrolada, simplemente quiere decir que no intento negar la realidad de mi enfado. No voy a fingir, ni a intentar convencerme de que no estoy enfadada, no me voy a culpar ni a castigar. ¿Qué otras opciones hay?

Traer curiosidad
La curiosidad es nuestra gran aliada en este proceso. Si, en lugar de juzgar y criticar nuestras emociones, nos podemos sentar con ellas con algo de curiosidad, se puede abrir un diálogo muy constructivo entre la emoción y el intelecto, donde es posible que aparezca la comprensión, la compasión y donde vamos a tener el tiempo y el espacio de formular una respuesta, en lugar de actuar de forma compulsiva.

La emoción viene a traernos información que es importante tener en cuenta, pero esto no quiere decir que tengamos que actuar sobre ella impulsivamente. Tampoco quiere decir que nuestra emoción siempre sea una guía fiable para interpretar la realidad, pero sí para saber cómo la realidad nos está impactando.

De esta manera aprendemos, poco a poco, a amistarnos con nuestras emociones, incluso cuando son desagradables, y nos permitimos tiempo y espacio para dialogar con ellas. En este diálogo se produce una conexión más íntima con nosotras mismas y nos liberamos de la compulsión, de huir de nuestras emociones con la adicción, la depresión y la disociación.

Si quieres escuchar una meditación guiada para acompañarte en este camino, puedes acceder aquí.

Te agradezco muchísimo compartir este artículo si te ha parecido útil.

También, te invito a participar en el próximo seminario online que ofreceré el 17 de mayo, de 11.00 a 14.00 (hora española) , donde aprenderemos algunas prácticas específicas para empezar en el camino de la meditación y la gestión emocional.

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Más allá de la autoestima

3/27/2025

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La autoestima es un concepto muy presente en el ámbito del crecimiento personal, con una multitud de recursos dedicados a enseñarnos cómo aumentarla.

¿Cuál es tu manera de entender la autoestima y cómo valorarías el nivel de autoestima que sientes hacia ti misma?

En general definimos como autoestima el conjunto de creencias que tenemos sobre nuestra propia valía, y la manera concreta que tenemos de hablarnos y acompañaros en el día a día.
De por sí, este concepto no es problemático, ya que su intención es ofrecernos una relación más amable con nosotras mismas, a la vez, hay ciertos mecanismos culturales y sociales que pueden interferir con este propósito.

La condicionalidad de la pertenencia
La pertenencia es una necesidad fundamental para todos seres humanos, ya que nuestra biología nos define como mamíferos, y por lo tanto sociales y gregarios.
La construcción de nuestra identidad se desarrolla en un delicado proceso de interacciones con los miembros de nuestra "tribu", nuestro entorno social.
Desde muy pequeñas, nos encontramos con toda una serie de normas y expectativas que nos guían en este proceso y nos dan referencias sobre quienes somos, lo que se espera de nosotras y lo que podemos esperar de las demás personas. Este proceso es necesario para generar cohesión y coherencia en el grupo social en el que nos encontramos, sin embargo, las sociedades occidentales tienden a generar normas bastante limitantes que acaban dificultando la percepción de pertenencia e instalando la creencia de que "para pertenecer tengo que demostrar algo".

¿Qué recuerdas de las normas y mensajes, directos o indirectos, que te llegaron a lo largo de tu infancia, sobre lo que se esperaba de ti para que pudieras pertenecer en tu entorno familiar y social? ¿Cuántas de estas normas todavía siguen teniendo un efecto sobre tu manera de percibir la pertenencia?

En general, son pocas las personas que han tenido la experiencia de pertenecer, de ser aceptadas y valoradas por el mero hecho de existir. Por lo tanto, se ha creado una percepción muy arraigada de la pertenencia como algo condicional, algo que tenemos que ganar y merecer. Por supuesto, la pertenencia se asocia con el amor, el cariño y la seguridad que esperamos encontrar, en primer lugar, en nuestras familias de origen. Ahí es donde se empieza a construir nuestra identidad, y donde se ponen las bases para nuestra relación con nosotras mismas y con las demás personas. Si en nuestras primeras experiencias hemos recibido mensajes reiterados que nos han hecho cuestionar el cariño de nuestras familias, por ejemplo en relación con como se expresaban nuestras emociones, nuestras preferencias y nuestras dificultades, es bastante probable que hayamos internalizado la idea de que "no estoy bien tal y como soy" y que, por lo tanto, hayamos aprendido a considerar el cariño y la pertenencia como algo condicional, algo que solo merecemos si "lo hacemos todo bien", nos esforzamos para ser mejores personas y cumplimos con las expectativas de nuestro entorno.
O, también, podemos haber respondido a este tipo de situación construyendo nuestra identidad personal alrededor de la idea de que “yo no necesito pertenecer, ya me va bien estar sola”.
Aunque esta pueda parecer una postura característica de una persona independiente, a veces es el resultado de una herida, de la cual intentamos protegernos mediante la autonomía y la independencia. En este caso, ¿en qué se basa nuestra autoestima? Tal vez, justamente en reafirmar nuestra independencia y “invulnerabilidad”.

¿En qué estilo te reconoces más, el que se esfuerza para complacer y demostrar su valía, o en el que apuesta para la independencia?

Querernos sin condiciones
Podríamos imaginar cómo sería separar la pertenencia del aprendizaje, para acercarnos a un concepto más útil de autoestima.
Si la pertenencia fuera un hecho, un supuesto de nuestra existencia, entonces nuestra valía no estaría en cuestión y no estaría vinculada a lo que hacemos y cómo lo hacemos, sino que esto sería el dominio del aprendizaje.
La pertenencia sería el suelo inalterable que nos sostiene en cada paso, y el aprendizaje sería el proceso a través del cual ganamos habilidades y competencias para vivir en sociedad.
Esta separación es muy útil para entender el tipo de acompañamiento que nos podemos ofrecer, especialmente en los momentos difíciles, cuando nos equivocamos o no somos capaces de alcanzar el mejor resultado.  Por un lado, nos podríamos decir: "Te quiero, por el simple hecho de que existes" y, por otro lado, "Veo que necesitas ayuda en aprender (la cosa en cuestión), y voy a intentar apoyarte en ello".

Si no hemos tenido este tipo de acompañamiento cuando éramos pequeñas, es posible que no sepamos ofrecernos esta voz amable y sustentadora, y nos convirtamos en nuestras mayores críticas y juezas, justo a la hora de nuestra vulnerabilidad. Desvincular el aprendizaje de la retirada de afecto es un acto que nos libera de la opresión de pensar que “en el fondo algo está mal conmigo y lo tengo que arreglar” o “da igual, nunca voy a encontrar la pertenencia, por mucho que me esfuerce”. Esto nos abre a la posibilidad de aprender por el puro placer de aprender, de hacer la vida más rica y plena, desde un lugar de seguridad interna que no es susceptible a los vientos y perturbaciones que ocurren inevitablemente cuando nos relacionamos con otras personas.

Piensa en las cosas que normalmente te recriminas y juzgas de ti. Tal vez alguna cosa que te hubiera gustado hacer de otra manera, alguna limitación que tienes, alguna cosa que te cuesta o alguna vulnerabilidad. Imagina como sería mirarte con cariño, aun con todo esto.
¿Es posible? ¿O algo dentro de ti se resiste, o no sabe como hacerlo? ¿Cómo sería imaginarte una persona sabia, más grande que tú, que te dice: “Veo que te gustaría aprender a…., voy a intentar ayudarte con ello” ?

A veces, esta voz, aunque sea amable, no sabe como ayudarnos, y entonces pueden entrar sentimientos de desánimo y confusión. Tal vez nos ayuda buscar referencias externas que nos puedan dar un ejemplo, o que nos puedan dar la ayuda que no sabemos darnos.

No caer en la trampa de la autoestima
Si no hemos diferenciado entre pertenencia y aprendizaje, puede que nuestro concepto de autoestima sea condicional y que, por lo tanto, estemos atrapadas en el bucle de intentar demostrar que somos merecedoras de amor. Entonces nuestra autoestima se convierte en el premio que obtenemos cuando hacemos las cosas bien. Y cuando no las hacemos bien, o nos castigamos, retirando nuestro propio cariño y reemplazándolo con críticas y juicios, o intentando minimizar nuestros errores para mantener una imagen de éxito.
El amor incondicional no intenta maquillar nuestras limitaciones y carencias, no intenta distraernos del dolor que se genera cuando vemos que no somos capaces de hacer algo que nos gustaría hacer. El amor incondicional nos quiere independientemente de lo que conseguimos y, a la vez, nos apoya y nos guía para seguir creciendo y aprendiendo. El amor incondicional no tiene miedo de nuestros fracasos, no los esquiva, los aceptas como parte inevitable de la vida y de la imperfección humana.

Poder llegar a querernos con todas nuestras limitaciones, errores y vulnerabilidades se convierte en una seguridad tan grande que nos permite no tener que defendernos frente a las críticas o quejas externas, sino recibirlas con curiosidad y claridad, teniendo claro lo que podemos aprovechar y lo que podemos dejar ir. También nos permite cierta autosuficiencia afectiva que disminuye la dependencia de recibir reconocimiento y aprobación externa. Es tal vez el regalo más grande que nos podemos hacer, convertirnos en nuestras mejores amigas y saber que nunca nos vamos a abandonar, pase lo que pase.

Recuerda que tienes 5€ de descuento para el próximo seminario online "Más allá de la autoestima",  el 12 de abril 2025, de 11.00 a 14.00. Toda la información aquí.

Me encantará leer tus comentarios y reflexiones aquí abajo.

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    Tatiana Sibilia es autora del libro Integración Relacional, y se dedica a acompañar el proceso de desarrollo y aprendizaje de las personas en sus cursos, seminarios y sesiones individuales. 

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