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Si el título de este artículo no ha sido suficiente para quitaros las ganas de seguir leyendo me considero afortunada y espero merecerme vuestra atención hasta el final, o por lo menos la mitad, del escrito. No creo que va a ser uno de los más cortos. Acabo de encontrar un artículo que me ha llamado mucho la atención y que me ha disparado varias reflexiones; como siempre las comparto con la intención de generar más reflexión y no de acabar con ella dando respuestas o visiones definitvas. El artículo en cuestión es: "Follar con empatía: otra lección puritana que se disfraza de feminismo" y bueno, me ha atrapado con esta palabra que tanto me pone: empatía. No me considero una experta en el arte de follar (aunque con una cierta experiencia tras 3 decadas en activo), en cambio sí me considero una profesional de la empatía, ya que es la base no solo de mis relaciones personales sino de mi trabajo, así que me ha estimulado mucho leer el artículo de la doctora Loola Pérez. A lo largo de los últimos meses hemos estado atestiguando varios movimientos y sucesos, desde la campaña #Me too y el vídeo "Hola putero" al caso de La Manada, que han vuelto a poner sobre la mesa la sexualidad como lugar de intersección entre la cultura machista y la feminista, generando mucho debate y emotividad. Lo que para mi ha sido difícil de digerir en los últimos meses ha sido la actitud casi vengativa de algunos sectores feministas que parecen apuntar a los hombres en general como machistas por defecto, productos inevitables de una cultura que los construye para perpetuar el modelo patriarcal. Y no es que no me parezca un ejercicio sano para cualquier persona pararse a observar sus creencias, hábitos, privilegios, suposiciones y patrones de comportamiento. Es que me provoca miedo cuando dejamos de vernos como seres humanos y nos relegamos a existir unicamente dentro de cajas etiquetadas "machista", "feminista", "progresista", "prohibicionista", y cuando nuestras conversaciones se centran más en establecer en que caja tenemos que entrar y mantenernos ahí en lugar de ayudarnos a salir de ellas. Creo que en cada caja se esconde algo interesante, quizás no en su forma más elegante o eloquente, sin embargo como expresión de una necesidad humana. Me ha parecido interesante ver como la palabra "empatía" ha aparecido en todo este debate, apuntando quizás hacia un nuevo horizonte donde no se trata de victimizar a las mujeres o criminalizar a los hombres, sino encontrar una modalidad de relación que permita superar los estereotípos, las reglas, lo cultural y lo politicamente correcto (aquí el artículo "La empatía es sexy (y feminista)"). Me he quedado sorprendida al ver que esta palabra ha generado tantas olas y molestias. Entiendo que cuando entramos en el territorio del sexo estamos cruzando una frontera muy delicada: estamos entrando en lo más intimo, vulnerable, personal, visceral y primordial del ser humano. No me sorprende que la gente se ponga en alerta y quiera saber que queremos hacer ahí. En el intento de hablar de sexualidad como construcción cultural es inevitable que digamos algo que no representa el escenario de algunas personas, que nos metamos donde no nos toca, que expresemos una verdad personal y subjetiva de manera demasiado generalizada. Es comprensible que nadie quiera tener su vida sexual reglamentada por otras personas, que se establezca lo que es "correcto" y lo que "no". Por esto me parece tan increiblemente complejo llevar esta conversación en el ámbito juridico donde se pretende encontrar parametros fijos y generales para algo que es tan personal y lleno de matices. Me imagino que es esto lo que le preocupa a la doctora Pérez, que alguien se ponga a pontificar sobre el tipo de sexualidad que se debería tener. Estoy con ella en esto. Pero me parece que no estamos precisamente libres de condicionamientos con respecto al sexo, así que no entiendo como introducir el concepto de empatía en este contexto pueda parecer algo limitante, condicionante, normativo. ¿A caso hay algún rincón de nuestra vida que no está organizado en función de normas culturales, sociales, experiencias previas, traumas y predisposiciones personales? ¿A caso no nos beneficia a todxs cuestionar nuestras creencias y revisarlas, actualizarlas? En un escenario social donde la experiencia sexual de muchas personas es marcada por el dolor y la angustia, ¿no será útil ponernos a reflexionar conjuntamente sobre los factores que contribuyen a esta realidad para desarrollar nuevos paradigmas? Me parece que defender la libertad sexual y participar en esta reflexión no son cosas incompatibles. ¿Podría ser que tenemos distintas ideas sobre lo que es la empatía? Mi opinión es que sí, hay bastante confusión con respecto a esta palabra. Cito una parte del artículo de la doctora Pérez: "La empatía es una habilidad afectiva, cognitiva y emocional que puede poseer el individuo. Por tanto, no se inscribe como un proceso automático y requiere de cierta destreza para ponerla en práctica en las relaciones interpersonales. La empatía, como muchos sospecharán, mejora cuanto más conocemos a la otra persona. Así, follar con empatía requeriría de contacto, de conocimiento del otro y de cierto grado de compromiso. Follar con empatía en el sexo casual es muy difícil e incluso cuando no se trata de un encuentro esporádico, la mayoría de los mortales no follamos para poner a prueba nuestras habilidades de empatía, comunicación y asertividad.". La información a mi disposición (que es un poco demasiada para poderla citar toda, pero pongo Carl Rogers, Marshall Rosenberg, Dan Siegle, Rick Hanson, Peter Levine, Brené Brown y Arthur Ciaramicoli para empezar) me hace creer que la empatía no es una habilidad afectiva que puede poseer un individuo, sino la función primordial que ha asegurado la superviviencia de nuestra especie. Es una función en parte totalmente inconsciente que ocurre a través de nuestras neuronas espejos y que sirve para ponernos en sintonía con otro ser humano, algo sumamente útil para nuestra existencia. Es una de las primeras funciones que se activan en los bebés. En otras palabras, es algo que no podemos evitar. Lo que si es cierto es que esta misma capacidad de sintonizarnos con la otra persona nos puede servir por fines diferentes: colaborar o torturar, crear vínculo o crear trampas. Así que esta capacidad innata se beneficia mucho de ser canalizada por nuestra intención, y nuestra intención está sujeta, entre otras cosas, a nuestro entorno cultural y las creencias que habitan en él. Esto es lo que nos permite anular nuestra empatía hacia aquellas personas que culturalmente "no se lo merecen" o sea, todas aquellas personas que están relegadas a las periferias de nuestra piramide social. Esto es lo que nos permite pasar frente a una persona sin hogar y no sentir nada en especial, o quizás sentirlo pero no hacerle caso para poder seguir con nuestro día. Es mi firme creencia que vivimos en un entorno cultural que está operando cada vez más de una manera que disminuye y hace insostenible la empatía. Nuestra organización socio-económica produce demasiado sufrimiento para que podamos mantenernos conectadxs con la empatía y no destrozarnos. La empatía tiene que desactivarse para que podamos funcionar en este entorno ostíl. Esto se llama, en algunos ámbitos, shock traumático, o "disociación". Y no es beneficioso. No es tanto la empatía en si que requiere destreza, en mi opinión, sino la voluntad de hacerle caso y actuar en consecuencia. Y por supuesto, como la mayor parte de las cosas, esto no se aprende de un libro sino desde la experiencia, es decir de haber experimentado desde temprana edad la presencia empática de nuestrxs cuidadores y sus respuestas hacia nuestras experiencias emocionales. Si tenemos presente que las normas culturales predominantes estipulan que el cuidado de los niños debería frenar sus expresiones emotivas y hacerles fuertes (lo que se resume en frases como: "Los niños no lloran"), quizás nos parece lógico que sean justamente los hombres los que se ven más perjudicados en el desarrollo de la destreza de mantenerse conectados con su empatía natural. No digo esto para justificar la falta de conexión con la empatía y los comportamientos que puedan resultar, sino para ofrecer algo que nos ayude a comprender en lugar de juzgar. Creo que esto nos invita a reflexionar sobre las implicaciones de la crianza y educación en lo que concierne la creación de un conjunto de ideas y comportamientos que llamamos "patriarcado". Nos ayuda a vislumbrar que cuando hablamos de sexo no podemos ignorar que la sexualidad es un evento inevitablemente emotivo y por lo tanto vinculado a y marcado por nuestras experiencias relacionales en temprana edad. Esto creo que por la mayoria de las persona se traduce con entrar en un territorio vulnerable. Es importante recordar también que según las investigaciones de la neuro ciencia, la empatía es una función del neo cortex, mientras que las funciones reproductivas están situadas en una parte más primitiva del cerebro, el límbico. Sería, desde mi punto de vista, una oportunidad perdida deducir entonces que el sexo está destinado a ser gobernado por pulsiones e instintos "fuera de nuestro control" y que es este tipo de sexo "visceral, animal" lo que es "bueno, sano, divertido, placentero" y que una sexualidad que incluye las funciones del neo cortex es "aburrida, mecánica y moralista". Como seres humanos tenemos una biología compleja: nuestro cerebro límbico funciona en muchas maneras de la misma forma que en cualquier otro mamifero, pero nosotrxs también tenemos un sentido de identidad propia, cosa que en otros mamiferos no es tan marcada. Considero que esto nos puede poner en la situación de tener impulsos que no están dirigidos tanto a la supervivencia y bienestar de nuestra especie, como colectivo, sino a nuestra superviviencia y bienestar individual y esto nos puede resultar en comportamientos que, como estamos comprobando en muchos ámbitos, generan mucho sufrimiento y son incluso incompatibles con la superviviencia de nuestra especie a largo plazo. Supongo que será por esto que hemos desarrollado la capacidad de empatizar, para regular nuestros impulsos individualistas y equilibrarlos con comportamientos que toman en consideración las necesidades de otros seres. Quizás los tiempos nos piden evolucionar y tomar posesión de este software 0.1 que hemos tenído la suerte de desarrollar pero que todavía no hemos casi sacado de la caja: el neo cortex. Ahí encontraremos también otra función interesante: la consciencia, en este contexto definida como la capacidad de saber que es lo que nos está pasando a nivel emocional, cognitivo y corporal. La consciencia, a diferencia de la empatía, sí que necesita entrenamiento, como demuestra la tradición meditativa milenaria de los budista. Nuestro sistema nervioso está diseñado para automatizar el mayor número de acciones para que las podamos llevar a cabo literelmente "sin pensar". A veces esto "sin pensar" se confunde con "espontaneidad", pero en mi opinión hay una diferencia importante entre las dos cosas. En el proceso de automatizacción entran en juego factores culturales y condicionamientos sútiles que se instalan de manera insconsciente y subliminal, simplemente por el hecho de vivir en un entorno determinado, así que "sin pensar" podemos acabar con comportamientos que son el fruto de muchos condicionamientos y para nada "espontáneos". La espontaneidad, para mi, sería más bien la respuesta de un sistema nervioso que está funcionando con todas sus facultades en un estado de consicencia que le permite encontrar una respuesta adecuada a la situación presente, adecuada en este caso quiere decir que tenga en consideración las necesidades individuales y colectivas. A este tipo de espontaneidad llegamos cuando tenemos nuestra facultad de ser conscientes bien entrenada y nuestro neo cortex bien conectado. Así que cuando hablamos de espontaneidad en el sexo ¿ de que estamos hablando? Espero que la propuesta de la doctora Pérez y otras personas que se suman a su discurso no sea de mantener la sexualidad en un territorio inexplorado por la consciencia. Me preocupa que en nuestro intento de preservar la autonomía y libertad de expresión nos negamos a poner cuestión nuestros automatismos y mirar en que creencias y experiencias se sostienen. No es un mandato, que cada cual haga lo que le apetezca, por supuesto, pero ¿no sería interesante ver hacia donde podría llegar la humanidad si realmente empezaramos a integrar todas las capacidades de las que somos dotadxs? Si el sexo dejara de ser simplemente una pulsión o una sublimación reprimida por normas culturales y empezara a ser un acto plenamente integrado, quizás necesitaríamos inventar una nueva palabra para definirlo. Quizás la doctora Pérez se refiere al conocimiento de los gustos y preferencias de lxs demás cuando dice que la empatía "mejora cuanto más conocemos a la otra persona". Escribo estas palabras después de 5 días en un curso intensivo de Hakomi (Mindfulness aplicado al auto-estudio) y puedo garantizar por experiencia reiterada que es perfectamente posible sentarse frente a una persona desconocida, mirarle los ojos sin hablar y tener una sensación más acertada que no de su estado emocional. Lo que ocurre es que hay que querer conectar con el estado emocional de la otra persona, si no lo único que ves son un par de ojos. Y es este querer que hace que nos sintonicemos con nuestra empatía innata, este querer necesita de nuestra consciencia, de nuestro neo cortex. No hace falta conocer la persona, solo hace falta querer abrirnos a conectar con ella y nuestra empatía está ahí, lista para hacerlo posible. Cito otra parte del artículo: "¿Tan débiles somos las mujeres que no podemos lidiar con una experiencia incómoda en nuestra intimidad? ¿Necesitamos protección hasta cuando no nos corremos? ". Si cambiamos la palabra débiles por vulnerables, quizás conectamos con otra cualidad. La doctora Pérez hace referencia a la experiencia de un coito donde el hombre llega al orgasmo y la mujer no y me parece muy valioso que nos invite a tomar responsabilidad por nuestros deseos y placer, por supuesto, pero hay muchas maneras de correrse uno y la otra no. Una manera es correrse y preguntar a tu pareja "¿Qué tal te has quedado? ¿Te apetece que haga algo para ti?" y la otra es correrse, darlo todo por acababado, girarse para el otro lado y ponerse a dormir. A mi me han pasado las dos cosas y puedo decir que prefiero la primera sin duda, y no tanto por querer correrme, que también, sino porqué en esta primera situación me siento vista, tomada en consideración. La doctora Pérez habla de "amantes hábiles y amantes torpes", bueno, es una manera de decirlo, yo quizás optaría por "amantes que entran en conexión con sus parejas desde la empátía y amantes que, por los motivos que sean, están más centrados en su própria experiencia que otra cosa." Y aunque esto puede ocurrir en ámbos generos, creo que sería una falta de rigor estadístico no reconocer que ocurre más en un genero que en otro, y no porque este genero sea intrinsicamente "malo", sino porque este genero (como el otro) se construye alrededor de ciertas creencias y paradigmas que lo hacen más probable, más automático. Quizás la doctora Pérez nos invita a hacernos fuertes frente a situaciones como éstas y manifestarnos, entablar conversaciones con nuestras parejas, pedir lo que queremos. O quizás nos invita a no tomárnoslo tan a pecho y pensar :"Bueno, no es para tanto" y si no fuera que mi trabajo me lleva a ver la inmensa vulnerabilidad del ser humano a diario, estaría de acuerdo. Sí, somos seres vulnerables, mucho más de lo que nos gusta pensar, y vivimos en un entorno muy poco sensible a esta vulnerabilidad y por esto pagamos las consecuencias en nuestras depresiones, obsesiones, inseguridades, miedos, adicciones y trastornos. Por esto somos una sociedad en la cual la "enfermedad mental" está en constante aumento. Hacernos "fuertes" no parece que nos sirve mucho, cultivar la empatía, en cambio, tiene un potencial sanador extraordinario. La empatía genera las condiciones para que podamos hablar y pedir lo que verdaderamente queremos sin el miedo aplastante al rechazo, la ridiculización, el castigo, la culpabilidad. Utilizar la empatía como barómetro de nuestras relaciones en lugar del "consentimiento" nos pide estar más conscientes, sea con desconocidxs que con nuestras parejas estables, y desde luego esto es más complicado y más difícil de regular con normas y fórmulas jurídicas. De hecho, si realmente esto fuera el caso, creo que seremos más libres, porque el encuentro empático es único y pertenece a las personas que lo viven en todos sus matices sútiles. Cuando estamos en empatía no nos limitamos a tener el consentimiento al principio y después "todo vale", sino nos mantenemos en conexión a lo largo de todo el encuentro, sintonizandonos con las evoluciones y cambios que ocurren. Si esto suena muy difícil, nos animo a pedirnos un poco más, un poco más de disponibilidad a hacer el esfuerzo de ser realmente humanxs. Estoy muy de acuerdo con la doctora Pérez cuando dice: "...hablar de “sexo patriarcal” para criminalizar aquellas situaciones donde el varón tiene la iniciativa sexual o donde el deseo no es correspondido me parece un intento feo, muy feo, de condenar, por un lado, al hombre como eterno enemigo y crear, por otro, la idea de que el sexo es territorio hostil para las mujeres". No me parece que haya algo intrínsecamente dominante en hacer una propuesta, siempre que estamos preparadxs a aceptar un "no" y no entrar en manipulaciones de todo tipo para obtener un "sí". Quizás podríamos hablar de "acuerdo" en lugar de consentimiento. ¿Estamos de acuerdo que queremos follar, a pesar de quien a tomado la iniciativa? ¿Estamos creando un entorno donde es posible manifestar la falta de deseo sin que esto tenga consecuencias desagradables de algún tipo? Decir "no" no es tan fácil como nos gustaría: cuando estamos bajo estrés y nuestro sistema nervioso entra en estado de congelamiento, nos cuesta pensar, hablar, sentir, movernos. Podría parecer que estamos consintiendo pero la mirada empática se percata de las señales sutiles. Siempre que queramos percatarnos, en otras palabras, siempre que estamos abiertxs a no poner nuestra individualidad y sus deseos como la única referencia. La empatía nos invita a estar en un estado de presencia, libres de ideas preconcebidas y suposiciones, a abrirnos y sentir lo que está vivo en el momento presente y responder a ello desde el deseo de aportar positivamente a la experiencia de la otra persona, de manera espontanea. ¿Cómo podría esto ser dañino para nuestra sexualidad? Cuando la doctora Pérez dice: "la mayoría de los mortales no follamos para poner a prueba nuestras habilidades de empatía, comunicación y asertividad." quizás vale la pena preguntarse: y para que follamos, exactamente? Si quieres saber más sobre la Integración Relacional y lo que propone te invito a mirar aquí.
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Hay veces que los acontecimientos de la actualidad cogen una fuerza que los plantea en mi mente como algo urgente, algo que sacude la tranquilidad de mis pensamientos ordinarios, la familiar organización de mis valores y opiniones. Uno de estos acontecimientos ha sido esta semana el caso de la (presunta) violación de San Fermín. Cuando hablo de buscar la empatía para este caso quiero decir la empatía para los hombres, porque la empatía para la chica me sale como un río en invierno, no la tengo que buscar. Me parece muy bien hablar de empatía cuando estoy lidiando con mi día día, dónde no aparecen problemas más grandes que un desacuerdo con mi pareja, un enfado con mi madre, mi propio sufrimiento con las cosas que no he resuelto en mi vida. Sin querer trivializar estos asuntos, me parece que están en otra "liga". Luego viene una situación como esta de San Fermín y me digo:"¿Ahora qué, dónde está tu compasión y tu no violencia, dónde está tu empatía?". Para algunas personas el hecho de que me plantee encontrar empatía para estos hombres podría parecer absurdo, incluso ofensivo. Lo siento si os llega así. Tengo una firme creencia que el camino que nos llevará a salir de la barbaridad en la cual todavía estamos sumergidxs es el camino de la compasión y la empatía y siento el compromiso de recorrer este camino, siempre que pueda. Tengo que reconocer que mi mente ha estado muy ocupada con pensamientos violentos esta semana, mis emociones han estado surfeando las olas del dolor, la indignación, la frustración y el miedo. Aún así, por debajo de todo esto se ha mantenido vivo el deseo de mirar más allá, de encontrar algo de comprensión, de enfrentarme con el desafío de buscar la compasión. Cada vez que me he encontrado con algún comentario en las redes sociales por el estilo de: "animales, monstruos, no os merecéis ser considerados humanos" se ha producido en mi una dúplice reacción : por un lado el alivio y la descarga de poder ver expresado mi enfado, mi deseo de dañar, de "hacerle pagar". Hay algo tremendamente satisfactorio en llamar a estos hombres "animales" y exiliarlos desde la comunidad de los seres humanos. Por otro lado, algo dentro de mi también se siente incómodo con este tipo de satisfacción, la entiende pero me invita a no quedarme ahí. Porque hay una pregunta que se asoma en mi mente: "¿De verdad no son seres humanos?" y quizás lo que me inquieta es que sé, de manera inequivocable, que si que lo son y por lo tanto tienen algo que ver conmigo. Y aquí me encuentro con mi primer rompecabezas, porqué los seres humanos estamos repartidos en dos: hombres y mujeres. Y además estamos existiendo en un entorno y contexto específico, a nivel cultural e histórico. Así que me pregunto: "¿Cómo me puedo relacionar con esta situación desde mi perspectiva como ser humano, mujer y miembro de esta sociedad?". Es una pregunta que me catapulta en un paisaje muy complejo dónde tacharle de animales a estos 5 hombres me parece un poco simplista. Esta complejidad me llama a utilizar otros criterios que no sean los de "culpa", "castigo" o "juicios moralistas" sino algo que me ayude a entender y entrar en una relación de poder y autenticidad con esta situación. Aquí es donde encuentro un deseo muy vivo de conocer a estos 5 hombres y hablar con ellos. Me despierta muchísimo interés la posibilidad de un encuentro con esta parte de la humanidad. Reconozco que este interés se sostiene en una creencia casi obstinada que tengo desde que soy niña: "no existen personas malas". Quizás me equivoco con esto, pero me motiva seguir viviendo con esta hipótesis y ver hasta que punto se aguanta. Soy consciente que esto de buscar la empatía para los 5 hombres es algo que puedo hacer desde la posición privilegiada de observadora. Me he imaginado varias veces como sería mi experiencia de esta situación si la chica violada fuera mi hija y lo que siento es una emoción desgarradora de impotencia, miedo y rabia. La empatía me hace posible conectar con la profundidad del dolor porque la experiencia de esta chica re-estimula mi propia experiencia de vulnerabilidad y miedo como mujer y las múltiples y reiteradas experiencias de abuso y agresiones soportadas por mi genero a lo largo de miles de años. Cuando conecto con esto, veo como se enciende en mi el impulso de hacer daño, de castigar al "otro", de sentirme justificada en mi deseo de venganza por la legitimidad que mi estatus de "victima" me ofrece. Y poder expresar este dolor y este deseo de venganza es lo que creo que las personas directamente afectadas por esta situación necesitan, no estar intentando ser "comprensivas, razonables, buenas". No señores, para sanar y para sacar a la luz lo que está haciendo nuestro mundo más oscuro hace falta darle un lugar a estas emociones y reconocerle su función. Cuando el dolor y el trauma de quien ha sido oprimido no encuentra un lugar dónde expresarse y recibir reconocimiento, se puede convertir muy fácilmente en una energía opresora a su vez, como ilustra tan claramente el caso de Israel y Palestina, entre muchos otros. Cuando conecto con el dolor desde mi lugar de mujer, veo que yo también quiero ser parte de una "manada" que me ofrezca refugio, solidaridad, identidad, seguridad y validez. Las mandas son muy buenas para satisfacer estas necesidades. quizás no son tan buenas para permitirnos conectar con nuestra autenticidad individual, con nuestra manera única y compleja de vivir la vida. A la vez, está claro que estamos organizadxs en manadas: hombres, mujeres, de izquierda, de derecha, blancxs, negrxs, del sur, del norte y lo típico de estas manadas es que se reafirman internamente a si mismas y muy pocas veces suelen abrirse a la experiencia de otras manadas. A nivel social a veces es necesario que una manada le diga a la otra: "Ya basta! Mirad que nos está ocurriendo aquí a raíz de vuestras acciones.". Lo que no suele pasar es que la otra manada le responda: "Si, lo vamos a mirar, gracias por llamar nuestra atención a algo que nos había quedado desapercibido". No suele pasar justamente porque la manada se ha construido para si misma, para cuidar de sus intereses bajo sus criterios. Falta la Manada Universal. También falta, desde mi punto de vista, la capacidad de expresar necesidades insatisfechas sin demonizar a las personas que no han hecho posible su satisfacción, sin entrar en una postura exigente, de enfrentamiento. Lo que suele ocurrir, muy lógicamente, es que la manada que se encuentra en el estado de más opresión y dolor empiece a utilizar las mismas estrategias de violencia, de imposición, de venganza. Por un lado porqué necesita una salida para su dolor y por el otro porque a nivel "político" no le queda otra, especialmente cuando la Ley (esta entidad que últimamente ha logrado el estado de divinidad suprema e incuestionable) ha sido diseñada por la manada con más poder. Entonces ahora yo me veo dividida entre mi deseo de darle apoyo a "mi manada", de reconocer su dolor, su anhelo de respeto y valoración, de autonomía y libertad y a la vez hay algo en el concepto de manada que al final no me convence. Supongo que hay momentos para estar con la manada y punto, a pesar de las diferencias que se puedan tener internamente, y este es uno de aquellos momentos para mi. No hay cuestiones en mi opinión con respecto a como se está llevando este caso en los medios de comunicación, los argumentos que intenta utilizar la defensa hablan de una cultura trágica que está totalmente acostumbrada a la opresión, la imposición, la violencia y la legitimación de usarla contra aquellas personas que se han identificado como "menos de", sean mujeres, personas transgénero, de otras etnias u otra clase social. La frialdad y arrogancia de lxs que se toman el derecho de opinar sobre algo tan delicado como el consentimiento sexual, la mentalidad de "seguro algo habrás hecho"... todo esto me hace querer posicionarme firmemente con mi manda y decir: "Ya basta!", pero luego, en mi rincón personal, me sigo preguntando: "¿Pero esto cómo puede ocurrir?". Una lectura que me ha resultado útil en estos días, ha sido el blog de una de mis formadoras de Comunicación Noviolenta preferida, Miki Kashtan, una mujer muy implicada en el trabajo social con el tema del privilegio y con un firme compromiso a la noviolencia. En uno de sus post habla de la violencia como "una respuesta inevitablemente relacionada con la impotencia". Esta frase me ha dado a que pensar. Primero me ha hecho recordar que la agresión, la lucha, es uno de las respuestas a las que recurrimos cuando estamos en estado de activación simpática en nuestro sistema nervioso, en otras palabras, cuando nos sentimos amenazadxs y no nos parece que la opción de "solucionarlo por las buenas" va a funcionar. Así que me parece muy lógico que si me percibo como sujeto impotente, la violencia me pueda salir muy fácil. Esta violencia me puede salvar la vida. No voy a entrar en el eterno debate de lo que haría yo si alguien viniera y me arrastrara en el portal de un edificio a las 3 de la mañana con la intención de violarme porqué no lo sé. Supongo que mi sistema nervioso tomaría el mando automático y pasaría por las opciones: luchar, huir, congelarse. (Qué bueno sería si los jueces y abogados conocieran los fundamentos de nuestra fisiología, así nos ahorraríamos las preguntas tipo:" Y porqué no te defendiste?"). Lo que me ha costado ha sido intentar identificar que tipo de sensación de impotencia puede hacer que la violencia sea un recurso tan habitual entre los hombres y específicamente en contra de las mujeres. De hecho algo dentro de mi se ha rebelado con esta pregunta. "No hay razón para esta violencia, es mala y punto, no le busques más explicación, ya estás entrando en tu papel de mujer oprimida justificando al opresor" es lo que me he dicho. Bueno, quizás es así, pero déjame seguir el hilo un poquito más, nunca se sabe a donde podríamos llegar... De hecho, hay tantos hilos a los que seguir que se me hace difícil escoger por donde empezar. Un hilo muy concreto es lo que se me ha presentado en un artículo de El Diario donde encuentro este párrafo: "esta perentoria necesidad de reafirmar una masculinidad tradicional acosada en todos los espacios gracias al empuje del feminismo, se une ahora un determinado proyecto histórico muy vinculado al capitalismo. Dice Segato: "Para esta fase del capital es indispensable que las personas se vuelvan menos empáticas, que sean menos vinculadas. Que el sufrimiento del cuerpo que tengo al lado no vibre en mí. Que se anule la solidaridad que es consecuencia de la empatía. Nos están entrenando para ser menos empáticos y tolerar el presente". Aquí me acuerdo del porqué en los últimos años me he distanciado de las posturas feministas más "mainstream". Aunque repito, puedo entender la rabia y la agresividad que se manifiestan ahí como respuesta a miles de años de sufrimiento ocultado y trivializado y puedo reconocer que a mi personalmente me ha servido mucho en darle cabida a mi propia rabia durante muchos años, al final no me satisface. No me satisface convertir mi rabia y mi trauma en un plan de acción a nivel social. No me convence asumir las posturas de intimidación, de superioridad moral, de venganza y dureza como mi manifiesto. No a largo plazo, no más allá de haber sacado a la luz lo que quería sacar. No quiero reducir el feminismo a esto pero es un aspecto que me genera desconexión con algunas tendencias del movimiento. Fundamentalmente me genera rechazo porque, más allá de la manada, me reconozco ser humano y creo que la estrategia de priorizar las necesidades de una manada sobre otra siempre nos dejan atrapadxs en el mismo bucle de violencia y opresión. Con esto no niego la urgencia imperante de que las necesidades insatisfechas del genero femenino se sigan poniendo sobre la mesa con firmeza, aún así me pregunto: "¿De qué manera este tipo de feminismo no ha seguido la tendencia patriarcal de concebir las cosas dentro del marco de "bueno/malo", "castigo/recompensa", generando una imagen de "enemigo/victima" dentro del cual organizar su discurso?". Mi impresión es que no hemos conseguido todavía, como humanidad, salir de este paradigma, y por esto seguimos sufriendo las consecuencias de las trágicas estrategias que cada cual encuentra para salir del paso y dar satisfacción a su necesidad de seguridad, reconocimiento, validación y pertenecía. Siempre que alguien se queda excluido, va a generarse algún problema, tarde o temprano, en el sistema. A esto, como de manera muy lucida expresa el párrafo citado, se añade el capitalismo como estrategia suprema del masculino desorientado, del patriarcado. Está claro que nuestro sistema judicial está diseñado para obliterar la empatía. Basándose únicamente en los conceptos de culpa y castigo no se preocupa por un momento de poner la parte que ha cumplido la agresión en contacto con el sufrimiento de la persona que la ha recibido. Cualquier tipo de vulnerabilidad que pudiera generarse a raíz de esta empatía está profundamente bloqueada por el miedo al castigo. Estos chicos siguen repitiendo que son inocentes y me pregunto hasta que punto esto es el resultado del miedo a los 22 años de cárcel que les esperan y hasta que punto es una mezcla de creencias y vivencias muy distorsionadas que se han infiltrado en sus mentes a lo largo de muchos años. Me preocupa que pongamos más énfasis en la violación como delito penal que como un acto de profunda quiebra con lo que es inherentemente humano. Aún reconociendo la necesidad de una legislación coherente y protectora con respecto a la violación, relegar este asunto al ámbito judicial me parece reducir su magnitud. Me pregunto ¿qué tipo de sistema judicial podríamos crear si nuestra postura fundamental fuera la empatía? La mejor respuesta que he encontrado hasta el día de hoy es la Justicia Restaurativa, que os invito a investigar. Si la estrategia del capitalismo es obliterar la empatía, me propongo desarrollarla en su nivel más alto: encontrando algo de empatía con quien me hace daño, porqué empatizar con lxs que sufren ya me sale bien. Muchas veces nos confundimos y creemos que empatizar llevará a justificar, legitimar, acabar "todxs felices". No me imagino en ningún momento llegar a legitimar lo que ocurrió en aquella madrugada en Pamplona. Ni siquiera si la mujer hubiese dado su consentimiento me quedaría tranquila con lo que ocurrió y no eximiría de responsabilidad los hombres por su conducta. ¿A caso si me encuentro con alguien que me pide pegarle lo voy a hacer? No, lo que hicieron aquellos 5 hombres queda, para mi, definitivamente en el ámbito de una conducta trágica e inadmisible. Pero mi pregunta inicial sigue empujándome a buscar una manera de encontrar empatía para ellos. Estoy segura de que si pudiera tener suficiente tiempo para hablar con cada uno, no descubriría relatos de personas que han recibido aceptación, cariño, respeto, valoración, acompañamiento, seguridad emocional y empatía. Siendo hombres, en este contexto socio cultural, me imagino que le ha resultado muy fácil aprovechar de sus privilegios para encontrar salida a sus experiencias dolorosas a través de la violación de mujeres, que es, tradicionalmente, una estrategia favorita de algunos hombres y por la cual, tradicionalmente, no tienen que asumir ninguna responsabilidad. Me parece indispensable que se vuelva a repetir una y otra vez que esta estrategia no la queremos nunca más, ni para nosotras ni para ellos, porque en definitiva nos hace daño a lxs dos. A la vez, mientras me conecto con estos pensamientos escucho una voz que me dice: "Ya, pero las mujeres llevan como mínimo 10,000 años siendo violadas sistemáticamente, esto ¿cómo te lo explicas? Dónde está la impotencia que puede haber generado esta violencia en primer lugar?". Esta pregunta me inquieta profundamente porqué no consigo tener ni la más mínima intuición de una respuesta. Intento mirar las cosas desde una perspectiva arquetípica: ¿Habrá algo en la esencia de lo femenino que el masculino percibe como amenazante? Su apertura, su movilidad, su imprevisibilidad, su creatividad, su misterio? He pasado a estas categorías, masculino/femenino, porqué indudablemente la dinámica de opresión, objetificación y agresión ocurre más allá de los hombres y las mujeres. Existe, por ejemplo, entre algunos seres humanos y la naturaleza, entre algunas mujeres y sus hijxs y entre algunos hombres. Esto me hace pensar que entonces esto no es solo un problema de genero, que también, sino un problema de como se relacionan ciertas fuerzas, ciertas cualidades. Yo sé que he utilizado el acoso, la agresión, la imposición y el castigo en algunos momentos de mi vida. Es cierto que no he llegado a violar ni a matar a alguien, pero es como si pudiera vislumbrar cómo podría llegar a ello si algunos astros se alinearan. ¿Soy yo inmune a la violencia, el odio, el egoísmo, la crueldad? Diría que no. Este vídeo que he encontrardo en internet me ha impactado. Recogo las preguntas que plantea sin satisfacerme con la primera respuesta que se construye en mi mente: "Es porque algo está muy mal con vosotros". Me motiva la invitación de seguir investigando las telarañas que hay en todas nuestras mentes. Así me encuentro ahora al principio de un camino muy largo que me hace mirar muy atrás en el tiempo y en la esencia del ser humano. Veo que es un camino que no he recorrido lo suficiente para seguir hablando sobre él ahora. No estoy segura si, al final de mis reflexiones, puedo decir haber encontrardo empatía para estos 5 hombres. Siento mucha empatía para el sufrimiento que todos seres humanos estamos experimentando a raíz de las experiencias de profundo desequilibrio, conflicto, alienación, materialismo y exclusión que imperan en este mundo. Seguir este hilo me aporta el reconocimiento que estas dinámicas me pertenecen por ser un ser humano y comparto con otros seres humanos la responsabilidad de encontrar nuevos caminos para gestionarlas, reconociendo responsabilidades pero sin culpar, expresando el dolor y la rabia pero sin convertir a los demás en monstruos, poniendo limites claros pero sin castigar, colaborando para encontrar nuevas estrategias que satisfagan las necesidades de todos seres vivos. Si te ha gustado este artículo quizás quieres suscribir al boletín mensual con artículos, meditaciones y noticias sobre la Integración Relacional. |
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